Autor: Luis Felipe Limarino Montalván
Biografía Recomendada - II Concurso Nacional de Ensayos Biográficos "Mujeres en Nuestra Historia"
Hija de Raquel Quesada y de don Augusto Viscarra, nació en la ciudad de La Paz en 1936. Fue educada en el prestigioso Colegio Alemán de Sopocachi, donde las jerarquías raciales y sociales justificaban una forma de vida rígida y excluyente, la cual detestó desde muy joven: “En su curso del Alemán, donde colgaban banderas nazis en los años treinta, la misma chica ‘jai-jai’ pregunta de nuevo a otra alumna: ‘¿Qué haces acá si tu mamá es una chola?’. La madre de Carmen era una señora de pollera que vendía en el mercado y se sacrificaba para que su hija pudiera estudiar en un buen colegio. [Isabel], cansada de ese racismo estúpido —valga la redundancia—, encaró a la preguntona: ‘¿Y qué tiene que su mamá sea chola?’” (Bajo, 2023).
Era ya una muchacha inconforme de 23 años cuando la irrupción de la Revolución Cubana de 1959 la interpeló existencialmente. Sin embargo, el suceso que la instaló definitivamente en el campo popular fue el Concilio Vaticano II de 1962, que también revolucionó a la acomodada Iglesia Católica de entonces, promoviendo el surgimiento de una nueva generación de religiosos comprometidos con los problemas de su tiempo. Como resultado de todo esto, llegaron a Bolivia el sacerdote Daniel Stretch y el obispo Bernard Schienhoff, provenientes de la diócesis de Saint Louis, Missouri, Estados Unidos. Para Isabel, fueron “gringos muy raros”, ya que, aunque oriundos del país más capitalista del mundo, “hablaban de socialismo”.
Y fue precisamente Schienhoff, de quien Chabelita fue secretaria durante trece años y compañera de andanzas por las comunidades mineras y aymaras más remotas del Altiplano, quien le introdujo en la praxis y espiritualidad de la Teología de la Liberación: “Toda la fuerza y la mística que logré acumular […] la capté de Andrew Bernard Schienhoff, a quien siempre estaré agradecida” (Liberación, 2023:34).
Isabel vivió, sin duda, los tiempos más gloriosos de un cristianismo latinoamericano que, lejos de proponer la huida al más allá como respuesta a la condición humana, se encarnaba en la lucha diaria contra las estructuras de opresión. Frente al capital y su mística del mercado, la Teología de la Liberación no temía confrontar, de manera directa y abierta, las realidades históricas de dominación política, económica y cultural. Pero esa opción por los pobres no quedó impune: “Esta magnífica Iglesia pagó con mucha dureza, con mucha sangre, su valentía y fidelidad a Dios. El imperio mandó matar a todos los sacerdotes y a todas las monjas […] El accionar del Imperio siguió y sigue en contra de cualquier sacerdote que ose predicar justicia, liberación, dignidad. Debemos recordar a nuestro Lucho, Luis Espinal Camps” (Liberación, 2023:32-33).
Ante la violencia desatada por esa represión, muchos creyentes decidieron unirse a la lucha armada, como fue el caso de los combatientes sandinistas y salvadoreños que surgieron de las Comunidades Eclesiales de Base. En Bolivia, no podemos olvidar el ejemplo de Néstor Paz o de Miguel Northfuster. “Muchos de los combatientes sandinistas y salvadoreños”, recordaba ella, “surgieron de las Comunidades Eclesiales de Base; veían, a través de los ojos de la fe, las raíces de la opresión” (Liberación, 2023:28). Es más, Isabel también consideró unirse a la lucha armada en algún momento, aunque ahora quizás nunca vayamos a saber qué fue lo que finalmente la detuvo.
En 1976, Isabel Viscarra cofundó la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, un acto que no fue sino la primera trinchera en su larga lucha contra las formas de opresión que asfixiaban a su pueblo. Diez años después, en 1986, junto al padre Daniel Stretch, levantó el Café Semilla Juvenil, concebido para ser un laboratorio político, cultural y social, donde se gestaban ideas y estrategias que desafiaba el impacto corrosivo del neoliberalismo. Allí, se discutían las políticas públicas que se habían impuesto en Bolivia bajo el gobierno de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989) y profundizado en la administración de Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), diseñadas para claudicar la soberanía del país y agudizar la miseria de las clases trabajadoras. Aquel café fue cuna de muchos liderazgos, intelectuales, ministros e incluso un presidente, que nutrirían al Proceso de Cambio a partir del 2006 (Saavedra, 2023).
En 2017, Isabel fue convocada para formar parte de la Comisión de la Verdad de Bolivia, encargada de investigar las violaciones de derechos humanos durante las dictaduras militares que oscurecieron el país entre 1964 y 1982. Su contribución fue crucial, pues ayudó a visibilizar y documentar los casos de desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones extrajudiciales, contribuyendo al proceso de justicia y reparación para las víctimas y sus familias. Sin embargo, dos años después el golpe de Estado del 2019, una vez consolidado, identificó al Café Semilla Juvenil como un "antro de conspiración" que poco después, se vio obligado a cerrar, sumido en la incertidumbre generada por la pandemia de COVID-19.
Finalmente, tras un tiempo de complicaciones de salud propias de su avanzada edad, Isabel Viscarra falleció el 30 de marzo de 2023, dejando tras de sí un testimonio de cómo la militancia, cuando es verdadera, no puede sino estar animada por profundos sentimientos de amor.
Bibliografía
Bajo, R. (20 de noviembre de 2022). Chavelita, una semilla. La Razón. La Razón Digital Bolivia. (2023). Celebramos la vida de María Isabel Viscarra luchadora por los derechos humanos y educación popular [Vídeo]. YouTube. Liberación y Dignidad. (2023) Fundación Transformando Realidades. Saavedra, S. (2023). Isabel Viscarra: 87 años de lucha y resistencia desde el Café Semilla Juvenil para la Patria Grande. APCBOLIVIA.
RECURSOS MULTIMEDIA