El gobierno de Manuel Isidoro Belzu definió el establecimiento de escuelas primarias de niñas en las capitales de departamento y de provincia, mediante decreto de 19 de noviembre de 1851. Dos años después, determinó el retorno a las ideas que fueran planteadas por el pedagogo Simón Rodríguez, mediante decreto de 6 de agosto de 1853. Estas medidas significaron el establecimiento de una "política educativa [y] la escuela primaria universal, gratuita y obligatoria", representando un gran avance para la educación en la época (Cajías, Barragán y Lema, 2015:125).
El maestro Simón Rodríguez llegó a Bolivia acompañando a Simón Bolívar, con el gran objetivo de establecer escuelas en todo el país. En 1826 se dio la primera iniciativa en Sucre. Además "diseñó el primer estatuto educativo en el que encarnaba las ideas pedagógicas más progresistas de la época, que se sustentaban en el carácter formador y transformador del hombre y fue consecuente con su credo ideológico como firme partidario de una educación democrática e igualitaria", aspecto que tendía a traducirse principalmente en el "mejoramiento y dignificación de los sectores populares y de los indígenas" (Cajías, et al, 2015:123).
Sin embargo, el contexto sociopolítico y económico de los primeros años de la República repercutieron negativamente en las iniciativas educativas, entre otras cosas, siendo una de las razones para que las ideas de Rodríguez no llegaran a consolidarse. En los siguientes años la educación fue descuidada, siendo la formación de maestros y la participación de las mujeres dos falencias fundamentales. “Según las estadísticas de José María Dalence, en los primeros 25 años de vida republicana de 1.373.895 habitantes, solamente 100.000 personas tenían acceso a la educación. La situación era aún peor en lo que respecta a las mujeres, ya que para 1846 sólo había cuatro colegios con 68 alumnas en todo el país” (Citado en Montaño, 2004:71).
Como se mencionó, durante el gobierno de Belzu la educación recibió un importante impulso, sin embargo, en los siguientes años nuevamente se produjo un estancamiento. Con una mirada de modernidad/civilización, serán los gobiernos liberales quienes reimpulsen el proceso educativo, pero bajo un ideario en el que el rol de la mujer y de los indígenas en la sociedad sustancialmente no cambiaría.
Así, la educación que se le brindó a la mujer durante el siglo XIX e inicios del siglo XX, según decreto de 1845, se hizo en "base a los preceptos de la religión católica" (Montaño, 2004:71), por ende, "dirigida principalmente a fortalecer su papel como guardiana y reproductora de valores y por tanto como transmisora de los fundamentos morales sobre los cuales se quiere asentar la nación boliviana (...) [proceso en el que] las reformas liberales de fines del siglo XIX no hacen sino reforzar este imaginario patriarcal, reactualizándolo con nuevas leyes y códigos de comportamiento" (Franco y Gottret, 2020:59).
En el caso de los pueblos indígenas, siguiendo a Oyarzo (2021), con escaso impacto, durante la colonia se dieron las primeras iniciativas educativas a través de la evangelización, "donde las y los indígenas veían constreñido el ejercicio y goce de sus prácticas culturales y sus formas de organización social y política". En el caso de las élites indígenas "existió un tipo de educación especial (...), que implicó, por ejemplo, su paso por el Colegio San Juan Bautista, en Sucre". Tras las rebeliones indígenas de 1781-1782 "se propuso la creación de escuelas para niños indígenas, donde adquirieran la doctrina y lengua cristiana además de algunos oficios. Con la llegada de la república, se mantuvo esta situación, centrada en la enseñanza de artes y oficios y a muy baja escala". Con la llegada de los gobiernos liberales, la educación fue utilizada como un instrumento de ciudadanización e integración social (homogeneizador), en miras de construir y consolidar la idea de la nacionalidad boliviana.
Recién en la década de 1930 (1931-1940), se planteará el denominado proyecto de la Escuela-Ayllu, en Warisata, mismo que recuperará “las tradiciones y costumbres ancestrales de los aimaras y quechuas” [sic] (Vilchis, 2014: 151).
Bibliografía
Cajías, D; Barragán, R y Lema, A. (2015). La educación a principios de la República. En Bolivia, su historia. Los primeros cien años de la República 1825-1925. Tomo IV. Rosana Barragán y otros [Coords.]. La Paz: La Razón. Franco, M. y Gorret, A. (2020). La búsqueda de la identidad y el desarrollo: El papel de la mujer en la sociedad cruceña según El Cosmopolita Ilustrado. Encrucijada Americana. Vol. 12. N° 1. Oyarzo, C. (2021). Historia política de los discursos educativos: Pueblos originarios y Estado en Bolivia, 1931-2010. Santiago: Ariadna Ediciones. Montaño, P. (2004). Modesta Sanginés (1832-1887) Precursora del feminismo en Bolivia. Estudio biográfico. Tesis de Licenciatura. Vilchis, A. (2014). La Escuela–Ayllu de Warisata, Bolivia y sus relaciones con México. México: Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.
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