Las mujeres en la Guerra del Pacífico (rabonas, vivanderas y enfermeras)
(1879 - 1884)

El inicio de la Guerra del Pacífico, tras la invasión chilena del Puerto boliviano de Antofagasta el 14 de febrero de 1879, provocó la movilización del ejército boliviano. Sin embargo, la historiografía en general describe la misma desde una perspectiva “homogeneizante, sin perspectiva de género” (Rodriguez, 2017:39). Al igual que en otros acontecimientos cruciales de nuestra historia, se obvió la masiva presencia femenina y el decisivo rol que desempeñaron las mujeres durante el conflicto bélico.

Las mujeres —esposas, hijas, hermanas, compañeras u otra familiar—, acompañaban la marcha de los soldados a la cola o rabo de la columna, motivo por el cual eran conocidas como rabonas; una práctica que data de la época colonial. “En su gran mayoría eran mujeres indígenas y mestizas de habla quechua y aimara, pertenecientes a los sectores más pobres y excluidos de la aristocracia boliviana” (Rodríguez, 2020). Al son del tambor, y muy temprano por la mañana, comenzaba la difícil y cancina marcha que, según Joaquín Lemoine —un testigo de la época—, las rabonas realizaban “cabalgadas en acémilas y asnos, llevando pendientes, tanto por detrás y por delante, como por uno y otro costado, útiles de cocina, comestibles, arreos harapientos de viaje, un niño de pechos a la espalda, un kepi (bulto) en la cabeza, un fusil en la maleta, una fornitura en la cintura o una bayoneta en la mano” (Oporto, 2018).

Sin pertenecer a la jerarquía del ejército y en condiciones muy difíciles, ellas cumplieron tareas de cocineras, aguateras, lavanderas, bodegueras, costureras. Principalmente desde el punto de vista logístico, ellas se convirtieron en “una pieza vital para que la armazón militar funcionase” (Rodríguez, 2017:39). Proveer la comida o “rancho” al soldado no solo era una de las importantes tareas de las rabonas, sino una de las principales preocupaciones del mando superior del ejército. A diferencia del ejército peruano, su par boliviano entregaba un “socorro” (dinero) a los soldados con el que las mujeres cocinaban, sin embargo, la escasez de víveres en los poblados obligaba a las rabonas a tener que recorrer las “campiñas aledañas, para conseguir por cualquier medio, por las buenas o las malas, alimentos y sustento fuese vegetal y animal para sus familias” (Ibid:39).

A pesar de su crucial labor, las rabonas fueron mal vistas “por la sociedad conservadora de su época, por romper con esquemas preestablecidos, así como por las autoridades castrenses no solo por su sexo, sino por su miserable aspecto: para «disuadirla» en su empeño era humillada cortando de raíz el único atributo de hermosura y feminidad que la pobre poseía: sus largas y negras trenzas” (Leonardini, 2014:178). Sin embargo, repeler la participación femenina fue prácticamente imposible y, a fin de evitar “deserciones y el descontento (…) los altos jefes castrenses no tenían otro remedio que tolerarlas y en su caso agasajarlas, quizá a regañadientes” (Rodríguez, 2017:40).

Al tiempo han sobrevivido algunos nombres de mujeres rabonas que participaron en la contienda del Pacífico. Gracias a diarios de campaña y a algunos documentos oficiales, se conoce los nombres de la paceña Manuela; las cochabambinas Lorenza y “Fiera Claros”, destacando esta última por su deseo de combatir; las compañeras de Gerónimo Beltrán y la del Sargento Olaguibel, ambos del Batallón Colorados; las potosinas Hilaria Trujillo y Luciana Lastra, esposas del Sargento 1° David Pardo y del cadete César Pimentel, respectivamente (Oporto, 2018 y Rodríguez, 2017).

Otro grupo de mujeres que asistió al teatro de guerra vendiendo comida fueron las llamadas vivanderas. Se cree que eran mujeres que no tenían relación con la soldadesca, pero fueron una importante alternativa para la alimentación de los soldados. Las vivanderas, además de comida, vendían bebidas alcohólicas y no alcohólicas; teniendo entre los “platos más solicitados y degustados (…) las espesas laguas, los chairos, las ranga-ranga, los chupes, las cuatro cosas, el posckoapi, la sajrahora y los asados de pescado como de carne vacuna; esta última llegaba de los valles cercanos o en recuas traídas desde el norte argentino, Salta y Jujuy” (Rodríguez, 2017).  

Finalmente, las ambulancias (enfermeras) fueron otro importante grupo de mujeres que participó en la guerra. El creciente número de heridos que provocaron una tras otra las batallas, impulsaron la creación del Cuerpo de Ambulancias de Guerra. Se conocen los nombres de Ana M. de Dalence, María N. Vda. de Meza y su hija Mercedes, quienes junto a las destacadas Andrea Rioja de Bilbao e Ignacia Zeballos, desempeñaron esta labor.

Bibliografía
Leonardini, N. (2014). Presencia femenina durante la guerra del pacífico. El caso de las rabonas. Lima Perú. Centro de investigaciones, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Oporto, L. (2018). Mujeres en la Guerra del Pacífico. La Época.

Rodríguez, G. (2017). Huéspedes Guerreros El Batallón “Sucre” en el Sur del Pacífico 1879- 1880. La Paz: Ministerio de Defensa.

Rodríguez, G. (2020). Rabonas, las mujeres van a la Guerra del Pacífico. Los Tiempos.

Personaje

RECURSOS MULTIMEDIA

Leonardini, N. (2014). Presencia femenina durante la guerra del pacífico. El caso de las rabonas. Lima Perú. Centro de investigaciones, Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5104903.pdf

Rodríguez, G. (2017). Huéspedes Guerreros El Batallón “Sucre” en el Sur del Pacífico 1879- 1880. La Paz: Ministerio de Defensa. Disponible en: https://archive.org/details/huespedes-guerreros-el-batallon-sucre-en-el-sur-del-peru-1879-1880/page/170/mode/2up?q=ignacia+&view=theater