Conformado de manera inicial como una sección anexa y autónoma del Ateneo de la Juventud (Sánchez, 2019), el Ateneo Femenino fue fundado el año 1923 como “una organización dedicada al movimiento intelectual de mujeres y la búsqueda de los derechos de las mujeres”, fundamentalmente el derecho al voto, al divorcio y la educación (Tétreault, 1994:324). Bajo la dirección de María Luisa Sánchez Bustamante —la fundadora —, un grupo de diez mujeres jóvenes, pertenecientes a la élite paceña, dieron vida a esta iniciativa educativa y cultural.
De esta manera, el Ateneo se constituye en uno de los primeros referentes de organizaciones feministas en Bolivia, que bajo su impulsión se “fundaron otros ‘Ateneos’ en ciudades como Oruro, Sucre y Cochabamba” (Álvarez, 2011:7). Sin embargo, a contramano, “encontró una fuerte oposición de quienes consideraban inconcebible que las mujeres pudieran dedicar su atención a algo más que la administración de sus hogares” (Tétreault, 1994:324). Una sociedad patriarcal, machista, conservadora, influida fuertemente por la iglesia, en cierta forma, limitaron los alcances de la organización y la incorporación de mujeres.
El primer directorio del Ateneo quedó conformado de la siguiente manera: presidente Alicia Estrada Cárdenas y Ana Rosa Tornero; secretarias Enriqueta Castillo Nava; tesorera Rosa Infante; bibliotecarias Adela Reyes Ortiz; agentes de propaganda Irene Gutiérrez V. A. Murguía y Rosa de las Muñecas.
La promoción de la cultura y la educación eran pilares fundamentales de la organización, por lo que incentivaron un proceso de escritura, estableciendo como requisito a las aspirantes realizar una tesis (Sánchez, 2019). Impulsaban a las mujeres a escribir y como consecuencia de ello se fundaron dos revistas: Eco Femenino e Índice, ambos instrumentos de difusión de sus ideas. Las publicaciones alcanzaron notoriedad, llegando a distribuirse en “Cochabamba, Oruro, Potosí, Sucre, Tarija, Santa Cruz, Tupiza, Chulumani, Camargo y al exterior, ya sea mediante intercambio con instituciones femeninas o por intermedio de sus propias corresponsales a: Uruguay, Argentina, Perú, Chile, Panamá, Holanda, Italia, España y otros países tanto de Europa como de América” (Sánchez, 2019:81).
Eco Femenino apareció en septiembre de 1923, caracterizándose por sus artículos, principalmente, dedicados al feminismo. Su último número se publicó en 1925. En diciembre de 1927 aparece Índice, revista que continúa con la línea feminista, pero en ella se nota una mayor influencia del feminismo extranjero, relatando acontecimientos del movimiento feminista en otros países.
En 1925, el Ateneo organizó la primera Convención de Feministas con el fin de revisar la Constitución Política del Estado y promover la inclusión del derecho al voto para las mujeres que sabían leer y escribir. En la misma línea, el primero de mayo de 1929, organizaron la primera Convención Nacional de Mujeres, con la intención de “plegar a sus propósitos los esfuerzos de todas las mujeres, sin distinción de clases sociales para lograr la reivindicación de los derechos civiles y la protección de la mujer trabajadora” (Sánchez, 2019:97-98).
De acuerdo a Mireya Sánchez (2019), el evento contó con la participación de organizaciones como la Beneficencia de Señoras, Conferencia de señoras de San Vicente de Paul, Sociedad Protectora de la Infancia, Asociación Cristiana de Jóvenes, Federación Ferroviaria de Artes Gráficas, Sociedad Gremial de Oficios Varios, Unión de Mujeres Obreras “Tihuanacu”, Sociedad Gremial de Culinarias, Federación Obrera de Trabajadores (FOT), Comité Central del “Día de la Madre”, Centro Intelectual “Unidas por un Ideal”, a las que después se uniría la anarquista Federación Obrera Femenina (FOF).
Se cuenta que el Ateneo “permitió a regañadientes la participación de las cholas [de la FOF] porque, al tratarse de un evento de las damas de alcurnia, se quería guardar apariencia de armonía, unidad y tolerancia ante la opinión pública, pero esta intención se agotó prontamente frente al tono crítico de las trabajadoras quienes, días después, organizaron una manifestación apoyada por la FOL en la que menudearon discursos en aymara protestando contra la convención debido a su carácter excluyente y elitista” (Rodríguez, 2010:74). El evento fracasó debido a los vanos intentos del Ateneo por “alienar a su proyecto a las clases obreras” (Sánchez, 2019:106), en definitiva, a las discordancias en los objetivos y reivindicaciones, así como, a las diferencias en la concepción del lugar que ocupaba la mujer en la sociedad.
Otras acciones que desarrolló la institución fue la instauración del día de la Madre, el 27 de mayo de 1928, mediante Decreto Ley. En la misma línea, lograron el establecimiento del Día del Niño y el 30 de abril como el Día del Libro (Sánchez, 2019).
El Ateneo Femenino, sin duda, fue uno de los pilares para la formación del feminismo en Bolivia, al visibilizar y difundir ideas sobre los derechos de las mujeres a inicios del Siglo XX; un importante antecedente para lo que sería el voto universal instituido en 1952.
Bibliografía
Álvarez, M.E. (2011). Movimiento Feminista y Derecho al voto en Bolivia (1920-1952). Rodríguez, H. (2010). La Choledad antiestatal. El anarcosindicalismo en el movimiento obrero boliviano (1912 - 1965). Buenos Aires: Libros de Anarres. Sánchez, M. (2019). El Ateneo Femenino 1920-1930 perspectivas filosóficas y epistémicas. Cochabamba – Bolivia: Editorial Humanidades. Tétreault, M. (1994). (Edit.) Women and revolution in Africa, Asia, and the New World. EEUU: University of South Carolina.
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