“Porque la organización de las mujeres es, pues, así:
nosotras mismas defendernos, nosotras mismas manejarnos”
Petronila Infantes
Citado en Granados, 2020
Uno de los elementos que caracteriza las primeras décadas del siglo XX son las constantes luchas y reivindicaciones de las clases sociales más desfavorecidas, obreros y campesinos, que no solo fueron por razones labores, sino también motivadas por la exclusión y discriminación de la que eran objeto. Aquellos sectores, imbuidos por el anarquismo, el socialismo y el trostkismo, progresivamente empezaron a aglutinarse en torno a sindicatos y federaciones, los que se constituyen en el germen del movimiento obrero boliviano.
Sin duda, la anarcosindicalista Federación Obrera Local (FOL), creada en 1927, es una de las organizaciones de trabajadores más representativas de aquella época.Según Huascar Rodríguez (2010:13) esta organización “fue incluyendo a heterogéneos sectores mestizos e indígenas que, al estar localizados en distintos puntos de la economía, presentaban una compleja diversidad de matices internos:desde colonos y comunarios aymaras, niños vendedores de diarios mujeres cholas culinarias y comerciantes minoristas, contrabandistas, vendedoras en los mercados, floristas y verduleras, hasta una amplia gama de estratos artesanales y trabajadores asalariados de cervecerías, curtiembres, fábricas de fósforos, velas y cartones, entre otros”. Es de resaltar la presencia y organización sindical femenina.
Precisamente, el apronte sindical femenino se constituyó en un pilar fundamental de la FOL cuando las mujeres paceñas de pollera, como Catalina Mendoza, Rosa Rodríguez, Susana Rada y Felipa Aquize, decidieron fundar el Sindicato Femenino de Oficios Varios (SFOV) en 1927. Ese mismo año, concretamente el 29 de abril, decidieron cambiar su nombre a Federación Obrera Femenina (FOF), una de las organizaciones de mujeres trabajadoras más icónicas de la historia del país.
El acta fundacional de la FOF decía: “(…) con la suficiente concurrencia de varias delegadas de los diferentes mercados, se acordó formar una Federación Obrera Femenina, con fines de protección mutua y solidaridad, cooperación y beneficencia”, estando su primera directiva conformada por “Presidenta, Isidora de Peñaranda; Secretaria, Rosa Dulón; Tesorera, Inés de Larrea; pro-Tesorera, Máxima Terán. Vocales: Isabel Aliaga, Francisca Franco, María Paz de Salazar, Escolástica Nina, Teresa de Cabrera, Elena Flores, Trinidad Fuentes, María de Castillo, etc. Comisión de Propaganda: Julia Dulón, Martha Pérez, Julia de Saavedra, Petrona Bravo, Ninfa Muñoz, Epifania de Calderón, María de Colomo, Paulina Tapia, etc.” (Lora, 1980: 48).
En base a sus actuaciones y circunstancias, siguiendo con Rodriguez (2010:171), se puede asegurar que la FOF-SFOV tuvo dos etapas: "primero la FOF fundada (...) en 1927, cuyas actividades se vieron interrumpidas por la guerra del Chaco [1932-1935], y después la FOF refundada en 1940 y existente hasta 1965 (...). Esta segunda FOF se caracteriza por dos subetapas: 1) hasta 1952 cuando todavía estaba estaba afiliada a la FOL [etapa donde alcanzó mayor notoriedad] y 2) cuando desaparece la FOL y la Federación femenina se afilia a la Confederación de Gremiales -adherida a la COB (Central Obrera Boliviana)- existiendo hasta 1965"
En aquella primera etapa, la FOF se manifestó en contra de los abusos municipales y de las maestras mayores. Una de sus más importantes actuaciones en este periodo representa su participación en la Convención Nacional de Mujeres de 1929, convocada por la organización sufragista Ateneo Femenino. Se cuenta que “allí las cholas organizadas discutieron con las mujeres de la oligarquía de forma tan acalorada que tuvieron que abandonar el evento sin poder terminar de leer su ponencia” (Rodríguez, 2010:73). Dicho evento demostró que, a pesar de ser todas mujeres, sus luchas y reivindicaciones eran distintas, marcadas por su condición de clase y condición étnica.
El año de conclusión de la Guerra del Chaco (1935) coincidió con el periodo de reemergencia de las organizaciones femeninas, en esta oportunidad del apronte del Sindicato de Culinarias (cocineras), organización que incidiría, posteriormente, en la reconstitución de la FOL y FOF. A fines de julio de aquel año, la municipalidad emitió una ignominiosa ordenanza municipal que prohibía el ingreso de las cholas con grandes bultos y con aparentes signos de mala higiene a los tranvías paceños. A la cabeza de Rosa Rodríguez y Petronila Infantes, las cholas se organizaron y protestaron. En esa oportunidad “Doña Peta”, como también era conocida Infantes, cuestionó: “¿Por qué no podemos subir a los tranvías? Cuando los tranvías están para las choclas, Para las empleadas, no para las señoras. Las señoras ocupan automóviles; el tranvía para las que trabajan” (AECID, 2013). Con este evento como detonante, el 15 de agosto de 1935 nacía el Sindicato, como recordó Infantes dos años después, “para gloria de nuestro sexo” (Granados, 2010).
La organización y protesta rendió sus frutos, la alcaldía no solo abrogó la medida, sino que marcó el inicio de un largo y fructuoso ciclo de luchas por los derechos de las obreras y la formación de otros sindicatos femeninos, tales como el Sindicato Unión Femenina de Floristas (1936), y entre 1938 y 1940, Sindicato de Oficios Varios del Mercado Camacho, Sindicato de Oficios Varios de Locería, Sindicato Femenino de Trabajadoras de Viandas, Sindicato de Lecheras y Sindicato de Anexos del Mercado Lanza (Tarifa, 2015). En este contexto, en 1940, se decide la reapertura de la FOF y manteniendo su independencia sindical, posteriormente, se incorpora a la FOL.
Durante la década de 1940, como se mencionó previamente, la FOF tuvo una destacada actividad en defensa de las obreras. De esta manera, las “reivindicaciones sindicales de las mujeres (…) se circunscribieron a la mejora de las condiciones laborales –desde la perspectiva anarquista-, otra buena parte se ampliaban con visiones globales que proponían modificaciones sociales estructurales del orden de clase y de género establecido: se defendía el derecho al aborto, el derecho a la igualdad legal de hijos e hijas nacidos fuera del matrimonio, el respeto a la integridad física y moral y a la individualidad o la formación intelectual y cultural de las mujeres obreras” (AECID, 2013).
Resultado de su trabajo, la anarcosindicalista Federación Obrera Femenina (FOF) se convirtió para muchas mujeres no solo en el rostro de la justicia, sino el de una familia, pues a través de sus protestas, pronunciamientos y enfrentamientos conquistaron derechos que por ley no tenían, principalmente las mujeres de pollera. En definitiva, “[…] la FOF se constituyó en una instancia que mejoró efectivamente la calidad de vida de sus integrantes pues, partiendo de necesidades básicas, inmediatas y cotidianas, se logró frenar las agresiones policíacas en los mercados y se usó dinero colectivamente recolectado para atender a las compañeras necesitadas o enfermas, sin contar que muchas afiliadas aprendieron a leer y escribir en veladas culturales organizadas junto a la FOL. Con todo esto, las cholas anarquistas generaron un movimiento inédito en la historia del sindicalismo femenino boliviano, que conquistó, en su tiempo, un lugar social y económico como nunca antes -ni después- lo hiciera ningún grupo de mujeres trabajadoras en el país” (Rodríguez, 2007; 79).
Bibliografía
AECID. (2013). Federación Obrera Femenina, FOF. Granados, J. (2020). 85 años del sindicato de Culinarias: doña Peta y las cholas anarcosindicalistas. Muy waso. Lora, G. (1980). Historia del Movimiento Obrero boliviano 1923 - 1933. La Paz: Amigos del Libro. Rodríguez, H. (2010). La Choledad antiestatal. El anarcosindicalismo en el movimiento obrero boliviano (1912 - 1965). Buenos Aires: Libros de Anarres. Tarifa, A. (16 de diciembre de 2015). Historia del movimiento obrero en Bolivia. La Época.
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